Minería y banca, dos mundos que parecen opuestos, se unen para impulsar sostenibilidad y desarrollo. Cipriano López y Ana Isabel Gaviria demuestran que la confianza, la innovación y las alianzas son claves para transformar territorios y generar progreso.
Minería y banca parecen estar en extremos opuestos de la actividad económica. El primero es tan material como el suelo en el que estamos parados: trabaja directamente con recursos naturales, territorios y comunidades. El segundo es tan intangible como una idea: se basa en la confianza que inspiran los proyectos para hacerlos realidad. Pero esta distancia no es un obstáculo, sino una oportunidad para combinar la experiencia operativa de la minería con la mirada estratégica de la banca. Invitamos a Cipriano López, VP de sostenibilidad e innovación de Bancolombia, y a Ana Isabel Gaviria, ex VP legal y de sostenibilidad de Mineros SA, para demostrar que ambos sectores no solo son compatibles sino que, cuando se articulan, generan oportunidades reales de desarrollo en el país.
Cipriano López mira al país desde una perspectiva estratégica: conecta tendencias globales, identifica riesgos y diseña soluciones financieras capaces de mover industrias completas hacia prácticas más responsables. Su trabajo ocurre entre cifras que cuentan historias, modelos que imaginan futuros y conversaciones con inversionistas y clientes que buscan innovación, rentabilidad y progreso.
Ana Isabel Gaviria, en cambio, se enfoca en el territorio. Su día a día sucede entre campamentos de operación, trochas y conversaciones con comunidades que tienen necesidades urgentes. Conoce de primera mano lo que significa vivir sin agua potable, sin oportunidades o con un tejido social debilitado. Ha visto jóvenes abandonar la escuela, mujeres vulneradas, hospitales sin recursos y territorios golpeados por la minería ilegal, el narcotráfico y los grupos armados.
Aun así, Cipriano y Ana Isabel coinciden en algo fundamental:
Ningún sector puede transformar al país por sí solo. La banca puede crear incentivos, pero necesita proyectos sólidos que demuestren que la sostenibilidad funciona para cada territorio. Las empresas pueden innovar, pero necesitan financiación, alianzas y confianza para crecer.
Por eso aceptaron nuestra invitación en conjunto con la Fundación Bancolombia y Grupo Origen—Red Liderazgo, para explorar oportunidades compartidas; cuando la visión estratégica de Cipriano se encuentra con la experiencia territorial de Ana Isabel, y se suman más voces a la conversación, la sostenibilidad deja de ser un esfuerzo aislado para convertirse en una apuesta colectiva.
¿Qué significa sostenibilidad para cada uno?
La sostenibilidad nos involucra a todos, pero cada sector la interpreta y la aplica de manera diferente.
En la banca, representa la posibilidad de impulsar proyectos, apalancar iniciativas y orientar la inversión hacia modelos conscientes y de largo plazo. Cipriano reconoce que desde su posición puede apoyar a compañías con el potencial de generar grandes transformaciones:
"Es una oportunidad para tender puentes, iniciar conversaciones que conviertan ideas en proyectos concretos y dirigir recursos hacia clientes y sectores que aplican buenas prácticas."
En la minería, la sostenibilidad enfrenta desafíos críticos, especialmente cuando hablamos de impacto ambiental, pero también abre oportunidades para adoptar prácticas responsables y transparentes que beneficien tanto a los territorios como a las comunidades. Por tanto, para Ana Isabel, la sostenibilidad es una condición básica:
“
"En el sector minero (la sostenibilidad) no es opcional; es una cuestión de supervivencia. Sin licencia ambiental y social, no hay negocio. Nuestro trabajo consiste en entender la geografía, la cultura y las dinámicas de las comunidades. Solo así podemos mejorar sus condiciones y, al mismo tiempo, generar oportunidades económicas para la compañía y para las comunidades."
”
A pesar de sus diferencias, ambos coinciden en un punto clave: la transformación sostenible requiere proyectos bien diseñados, medibles y transparentes, que generen la confianza necesaria para ser financiados y duraderos.
Avanzar desde la unión
Otra verdad en la que están de acuerdo es que, además de buenos proyectos, la construcción del país requiere de alianzas sólidas entre empresas, sectores, comunidades y gobiernos. Sacar adelante los territorios, donde existen las necesidades más urgentes pero también las mayores riquezas naturales, necesita de un trabajo activo e integral de todos los actores.
Ana Isabel lo explica así:
“La minería con altos estándares se convierte en un aliado del sector financiero, no solo para nuestras compañías sino para el desarrollo nacional. Cuando la banca financia minería responsable, se impulsa tecnología más eficiente y maquinaria más segura, lo que reduce riesgos de accidentes y mejora la calidad de vida de los mineros y sus familias”.
Cipriano complementa:
“El sector financiero trabaja desde la confianza. Así que, cuando una industria vulnerable, como lo es la minería artesanal, logra formalizarse y entrar al sistema financiero, gana el país entero”.
Y Ana Isabel agrega:
“Esta formalización, que es el gran reto que tiene Colombia, evita que hombres y mujeres caigan en economías ilegales y abre oportunidades para que las nuevas generaciones estudien, se formen y se sueñen como geólogos o ingenieros. Que puedan pensar en destinos distintos. Una sola compañía no puede hacerlo, por tanto, son decisivas las alianzas entre el gobierno y la empresa privada”.
Ejemplos que hacen la diferencia
Cipriano recuerda un caso en Chocó:
“En la sucursal de Istmina descubrimos que muchos mineros artesanales debían viajar hasta Quibdó para consignar su efectivo, gastando tiempo y dinero. Las políticas internas del banco no permitían registrarlos como clientes, pero realizamos una caracterización rigurosa, en la que intervinieron varios actores internos y externos, y demostramos que se trataba de minería legal y responsable. Así pudimos bancarizarlos y, además, capacitarlos para usar plataformas digitales”.
Ana Isabel comparte otro ejemplo:
“En algunas zonas hemos creado alianzas comerciales con mineros artesanales. Al ayudarlos a mejorar sus estándares ambientales, estos logran acceder a la bancarización y a la construcción de capacidades para su supervivencia. Eso, a fin de cuentas, se traduce en progreso real en los territorios”.
Con estos casos, cae el mito de que minería y banca no pueden trabajar juntas. Así lo resume Cipriano:
“No hay que satanizar a ningún sector. Es más, creo que la humanidad como la conocemos hoy, no puede vivir sin la minería. Así que no es cierto que la banca no pueda apoyar proyectos de esta industria. Lo que necesitamos es que esos proyectos sean responsables con el medio ambiente, que se rijan bajo altos estándares internacionales y que generen los menores impactos, para que cuando lleguen a los territorios no generen desigualdades ni una desbandada de dinero ni temas sociales complejos. Debe existir un equilibrio en el que se cuide lo económico, lo ambiental y lo social.”
Rentabilidad vs. sostenibilidad: ¿irreconciliables?
Existe la percepción de que la sostenibilidad es más costosa. ¿Es realmente así? ¿O sigue habiendo empresas y emprendedores que temen recorrer ese camino?
Para Cipriano, la sostenibilidad no es más cara. El verdadero problema es que muchas empresas no incorporan en sus modelos de costos el valor real del capital natural —agua, aire, ríos, bosques— del que dependen. Si estos recursos (externalidades) se contabilizaran adecuadamente, quedaría en evidencia que los procesos productivos actuales son, en realidad, mucho más costosos de lo que aparentan.
“Lo primero es entender qué es la sostenibilidad. A veces el término técnico no conecta, pero cuando se explica, por ejemplo, que cambiar un combustible por uno más limpio reduce costos operativos y mejora la calidad de vida, los beneficios se vuelven evidentes”, señala.
Y añade: “Pensemos en una empresa de bebidas. Su principal insumo es el agua. Si no se hace un uso responsable de las fuentes hídricas, en el futuro tendrá que invertir en tecnologías altamente sofisticadas para obtenerla. Eso sí encarece el negocio”.
Desde otra perspectiva, Ana Isabel sostiene que el emprendimiento sostenible no es una carga, sino una clara ventaja competitiva: una oportunidad para generar mayor valor y mayores ingresos.
“Hay que acabar con esa falsa dicotomía entre sostenibilidad y rentabilidad. Lo que realmente está en juego es el riesgo: asumirlo ahora o trasladarlo al largo plazo. La urgencia suele ser económica, pero seamos claros: una empresa que innova, que genera valor para el ecosistema y para las comunidades, tiene más posibilidades de acceder a financiación. Y esa es, finalmente, la oportunidad de hacer viables y escalables los proyectos”.
Mensajes para nuevos emprendedores
El mejor momento para iniciar proyectos sostenibles es ahora. El mundo los necesita, y hoy existen oportunidades reales en energías limpias, economía circular, cadenas de suministro y más. Yo les diría: ¿qué puede ser mejor que trabajar con innovación y propósito? Eso sí, siempre y cuando todo se haga con ética y reglas claras
Ana Isabel GaviriaPor su lado, Cipriano habla de incentivos disponibles: “como meta, en el banco nos hemos fijado destinar $500.000 billones de pesos hasta el 2030 para financiar proyectos sostenibles, divididos en tres grandes pilares: ciudades y comunidades sostenibles, competitividad de las cadenas productivas y educación e inclusión financiera. Al final del día lo que buscamos es que las personas puedan generar ese impacto desde su cotidianidad”, explica.
¿Dónde está nuestra responsabilidad?
Cipriano no cree en las grandes revoluciones. Cree en los hábitos y en las pequeñas acciones: “Lo que necesitamos es sentarnos a pensar si lo que estamos comprando realmente lo necesitamos o cuánto tiempo tardamos en la ducha. Está en nosotros hacer pequeños ajustes” Ana Isabel está de acuerdo pero cree que las pequeñas acciones en las empresas también cambian la historia del país.
“Hay que trascender la relación con los inversionistas y asegurarse de generar valor para las comunidades y para el país. Hay que pagar impuestos con responsabilidad y evitar estrategias para reducir obligaciones de manera artificial. Y hay que garantizar condiciones justas para los colaboradores, para que realmente puedan mejorar su calidad de vida”.
Recomendaciones para empresas
Para quienes ya transitan o quienes quieren empezar en el camino de la responsabilidad social y ambiental.
1. La sostenibilidad no debe ser un proyecto aislado, debe ser parta del modelo de negocio.
Lo primero es preguntarse: ¿mi proyecto resuelve un problema social o ambiental? ¿estoy creando productos o servicios basados en la eficiencia y la regeneración?
Lo segundo, establecer metas medibles: reducción de emisiones, eficiencia hídrica, empleo local, etc.
Finalmente, reportar resultados a entidades competentes, hacer seguimiento, mediciones y actualizarlos anualmente.
2. Las comunidades conocen mejor los riesgos ambientales y las oportunidades sociales en su territorio, por eso hay que trabajar de la mano con ellas y generar alianzas donde todos ganen.
Esto se puede lograr mediante la creación de espacios para el diálogo constructivo, donde todos se oigan y todos tengan la oportunidad de proponer ideas.
Impulsa alianzas que beneficien a los habitantes. Por ejemplo, de turismo sostenible, agricultura regenerativa, educación técnica, entre otros. En estos casos, revisa si puedes intercambiar servicios, compartir infraestructura o logística para reducir costos.
Si eres un emprendedor, puedes vincularte con incubadoras verdes, universidades, cooperativas y ONGs que apoyen este tipo de proyectos.
3. Trabaja de la mano con municipios y gobiernos regionales para alinear prácticas con políticas públicas.
Adopta normas ambientales más estrictas que las mínimas legales.
Accede a asesorías, incentivos, capacitaciones y programas de desarrollo sostenible.
4. Usa materiales sostenibles, energías renovables siempre que sea posible, procesos eficientes y circulares, así como herramientas, según el tamaño de tu compañía, para medir el impacto socioambiental. Estas no solo te ayudarán a tomar decisiones más informadas sino también a demostrar responsabilidad ante los inversionistas y la ciudadanía.
Evaluaciones de impacto social.
Análisis de ciclo de vida.
Huellas de carbono e hídrica.
Indicadores simples (volumen de residuos evitados, empleos locales generados).
Historias de impacto para comunicar a clientes e inversionistas.
5. Promueve cadenas de suministro responsables.
Prioriza trabajar con proveedores locales.
Exígeles a ellos y a tus equipos estándares éticos y ambientales.
Fomenta la trazabilidad de los materiales que utilizas en tu operación.
6. Busca financiamiento verde
7. Capacita equipos en sostenibilidad e incentiva iniciativas internas para promover el bienestar social y ambiental. Por ejemplo, voluntariados, equipos verdes, trabajo comunitario, retos de innovación, etc.
En conclusión, Colombia avanza cuando dejamos de trabajar en islas; cuando el conocimiento técnico se encuentra con la sabiduría del territorio; cuando la confianza se convierte en puente; cuando las empresas se preguntan no solo cómo crecer, sino cómo hacer crecer a quienes las rodean.
Hoy, más que nunca, el país necesita conversaciones valientes, alianzas y líderes que se atrevan a pensar en grande. Necesita empresas que crean que sí es posible un desarrollo que respete la vida, que genere progreso y que devuelva dignidad a los territorios.